jueves, 7 de agosto de 2008

Ventanas

Te escribo para decirte que tengo tus ventanas. No sé cómo sucedió, el hecho es que se vinieron conmigo. Tal vez debí decírtelo antes, pero esta situación me tomó por sorpresa y esperaba poder resolverla con el tiempo. Ahora, viendo que ya pasa más de un año y no consigo resultados, la única alternativa que encuentro es pedirte ayuda (o al menos informarte)

Están acá las dos (me miran mientras te escribo, es muy incómodo!), la de amanecer y la de atardecer.
Las descubrí la primera noche oscura. Asomaron riendo entre luces amarillas y rosadas, con todo y sus macetitas puestas. Abiertas, cerradas, ventosas....cantando. Y de verdad no me explico (tu sabes que yo necesito entender las cosas siempre) cómo pudo suceder. Tanto cuidado que tuviste en recoger mis cosas, tanta ceremonia al empaquetarlas y tirarlas, tanto dolor haciendo maletas, que no quería hacer,...y se me cuelan nada menos que las ventanas.

No sé. Supongo que se escondieron en mis pulmones, o tal vez las traje en las yemas de los dedos.
En realidad no debería sorprendernos, siempre les gustó seguirme. Pero antes era distinto, mis viajes tenían boleto de vuelta, las tres regresábamos. Entonces su presencia era hermosa, un recuerdo-anticipo de ser dos y uno a un tiempo. Me las llevaba como a tus libros, poblados de ti a lápiz en los márgenes. Trocitos tuyos a cuenta. Como Hansel y Gretell en el mundo del revés, llevando partes nuestras hasta volver a ser una sola mirada.

Esta vez no hay mitades que reunir ni días que tachar. Ya no saco fotos que contarte.
No hay aeropuerto, el lugar de llegada se quemó. Claro que lo sé... creo que tal vez por eso ellas no regresan. Las ventanas son seres muy sensibles, un cambio de temperatura brusco puede herirlas de muerte, y la luz de tu casa cambió tanto....

Aquí parecen a gusto. O sería más justo decir que se han adueñado de mi espacio. Disponen a su antojo cuándo dejarme dormir y el momento de despertar. Traen a tu vecino del segundo piso tocando el piano, a la vieja del tercero que cuelga ropa y a veces hasta dejan entrar sigilosamente al Jake. Yo sé que no hay maldad en sus intenciones, solo son traviesas. Pero cuando sus juegos terminan inevitablemente me siento vacía, como si no hubiese aire y todo fuera hueco -no sé qué será.

Por eso te escribo. Necesito que me ayudes, por favor. Dime qué puedo hacer.

No es mi culpa si se acostumbraron a dormir conmigo y despertarme con la primera luz. A sostenerme en sus hombros mientras te esperaba. Si nos escapamos al cielo en alguna tarde áspera o servían de tobogán en ascenso cuando el amor era demasiado. Yo no lo busqué.

Están empeñadas en quedarse y con los días colonizan el infinito.
Crecen entre mis plantas nuevas. Cierran mi paso cuando voy a salir de casa. Inventan lluvias que no son.

Están.
No quieren irse .. yo no quiero que se vayan, y ellas lo saben, por eso son dueñas.

Te lo ruego. Por última vez sé tu la fuerza. Interrumpe este tren fantasma

Te espero el martes.

Trae el martillo.

2 Comentarios:

Jeri dijo...

esta muy bonita.

natasha dijo...

sabes como siempre que me gusta mucho lo que escribes ...asi muy a tu estilo ,pero siempre logras transmitirle a uno un poco de ti a trves de estas lineas ...que bueno es tener dentro de los amigos a personas con la sensibilidad que tu sueles tener y pues espero que nos sigas deleitando con lo que bien sabes hacer .......besos y pues a votar por ti y mas las chicas !