jueves, 7 de agosto de 2008

Sueños Tristes

_ ¡Señor!, ¡Señor!,
_ ¿Qué tal?
_ ¡Estoy en la gloria, morí…!

La cama fría, lo devolvió a su verdad. La soledad que atenaza su garganta, aprieta su nudo de manera inmisericorde, y Alberto quiere dormirse, para volver a soñar. El sudor recorre su espalda mientas su mente insiste en atrapar los trozos esquivos del sueño que acaba de tener. Pero la realidad tan cuadrada, tan firme, le recuerda por segundos que los sueños no existen, que es sólo una mala pasada del subconsciente. Aun siente su olor en los dedos, y el calor de sus labios sobre los de él. La ansiedad estalla dentro de su alma, y necesita fumar, para calmarse. Otra vez su mente inconsciente, toma el control, piensa que el tabaco es un elixir milagroso para la ansiedad, que lo calma. Pero el dolor del alma no se cura con tabaco.

Mientras fuma, recuerda. Ordenó a su mente olvidar, como si fuera posible, lleva años ordenando a su mente dejar de fumar, y ni puñetero caso, pero se ha convencido que en el asunto de recordarla a ella, lo logrará. Le duele el pecho, muy cerca donde ella jugando le lastimó la costilla, maldito dolor, hasta eso esta en su contra.

Las imágenes regresan a su mente, y la ve sonreír, y su corazón se encoge, porque no sabe donde esta, si sonreirá, si llorará. Quiere creer que es feliz, necesita creerlo. ¿Cómo se llamaba el lugar?, a si, Volcán. Ella quería envejecer en Volcán, a lo mejor esta allá esta noche, sonriendo mientras toma café, tal vez cantando, le gustaba cantar y bailar; le gustaban tantas cosas. Cuando el alma esta triste, ni el tabaco ayuda.

Ella odiaba el tabaco, porque lo relacionaba con el cáncer y la muerte de personas que quería. Para el no era tan grave, solo un pitillo, o 10. Ella se enfadaba, y sufrían los dos. Y entonces él se prometía mentalmente que lo dejaría alguna vez. Mientras ve el humo que sale de su cigarro en espiral ascendente, sonríe con amargura, cuando estaban juntos, el humo siempre iba donde estaba ella, no importa donde se hiciera, ahora no esta, y el humo va al cielo. Tal vez ella este en ese cielo, o por lo menos el humo conoce el poema de Shakespeare, que dice “el mismo cielo que te cubre a ti, me cubre a mi”, y por eso la busca en el cielo.

Cuando el decidió sacarla de su vida, pensó que ella era como un churro que sacas de una bolsa, pero no resultó así, aun siente su olor en la habitación, o en el cuarto de baño, en las hojas de los libros, en las ollas de la cocina. En las mañanas aún le parece verla dormida al irse a trabajar, y hasta evita hacer ruido por la sensación que tiene de no despertarla. No contaba con las cosas que ella impregnó de magia, de ternura que no se van por más que los intente ignorar. Las personas no pueden huir de si mismos, y el hace un buen intento día a día obviando cositas pequeñas, esas cositas que diariamente lo hieren aunque es incapaz de reconocerlo frente a otras personas, como si de esa manera no lo sintiera.

Nunca comerá rovellons sin pensar en ella. Aprendieron a limpiarlos juntos. La cocina, era su mundo, y lo llevo hasta allí entre abrazos y lecciones de cocina básica. Ella se moría de risa que el no supiera cocinar. Y sus lecciones de señor sabelotodo no servían con ella, estaba en desventaja. Ella nunca antes fue vulnerable, permitió que el cuidara de ella, y le agradó la sensación.

Le gusta pensar que ella ahora no tiene frío, sufría pensando que podría resfriarse, que podía pasarle algo malo. Se había convertido en el rayo de alegría que inundó su alma y su corazón, del cual se sentía un poco responsable, la había domesticado, y cada uno es un poco responsable de lo que domestica. Sería por eso que la preocupación curiosamente no se ha ido. El decidió apagar ese rayo de sol… ¿Quién puede apagar un rayo de sol?

Hace frío debe volver a dormirse. Cierra los ojos y escucha su voz, como le gustaba su voz. Y su alma llora, y deja de luchar y de hacer fuerza, y cree sentirla tomando su mano, y diciéndole, llegué, y la paz regresa, y siente su olor, y se deja llevar por la vorágine de sentimientos que lo llenan como un tsunami, golpeándolo dulcemente, la sensación de felicidad, lo alcanza, ese olor, el cabello, lo siente en los dedos, y otra vez,

_ ¡señor!, ¡señor!...muero…

y el despertador suena, y lo abofetea la realidad… despierta…

¡Tus decisiones definen tu vida!… ¡hora de ir a trabajar!

1 Comentarios:

Jeri dijo...

me gusta escribas tan seguido.espero q entres a mi blog no es nada solo pongo canciones las q me encantan espero q te guste o no me puedes ayudar eres mas experto en eso .bueno cuidate bye.